Lugares de diversión en áreas de recreación

Organizar una fiesta infantil para muchos papás es sinónimo de perder la cabeza y vaciar el bolsillo, pero al final del día resulta tener una extraña y gran satisfacción, acompañada de felicidad, por ver contentos a los peques.

Recuerdo que de niña mi hermana y yo tuvimos un cumpleaños tan épico que mis papás lo recuerdan como si se hubiera tratado de una fiesta tipo “Proyecto X” versión infantil; había dulces (azúcar), que de entrada son sinónimo de problemas y, de un momento a otro, no dejaban de llover niños por todas partes.

Recuerdo que esa y todas las fiestas a las que acudía de niña –y cuando ya no lo era tanto-, eran en casa de mis amigos y no pasaba de la comida, piñata, juegos y la típica bolsa de dulces; hoy en día los niños buscan fiestas memorables y no precisamente porque como mamá hagas los mejores juegos, sino porque buscan cosas más elaboradas.

Para la fiesta de mi niño opté por un jardin de fiestas infantiles con toda la intención de que no me pasara lo mismo que en mi fiesta de cumpleaños cuando niña. Cuando estudiaba la universidad fui fotógrafa de eventos sociales y cubrí muchas fiestas llenas de niños –algunas encantadoras, otras tantas muy básicas-, pero fue esta experiencia fue una buena proveedora de experiencias para cuando tuve mi hijo.

En cada fiesta me gustaba hablar con los papás para preguntarles qué esperaban de sus fotos y qué tipo de fotos les gustarían; había unos que preferían las convencionales en donde su hijo (un poco agotado y despeinado por jugar) aparecía junto a sus personajes favoritos; y otros que querían fotos del niño con sus amigos y familiares divirtiéndose.

Empapada de sabiduría fiestera, decidí acudir con uno de mis mejores amigos, quien también es fotógrafo, y le pedí que todo fluyera, que fuera lo más natural posible y que captará la felicidad de mi hijo –mezclado con un poco de la típica foto con los abuelos-.

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Como buena mamá moderna quería pasar tiempo con mi hijo y atendiendo las necesidades básicas de los pequeños traviesos invitados a la fiesta. Recordé un buen lugar en donde ofrecían encargarse de todos los servicios –la comida, los juegos y la diversión-, y en donde además tenían juegos infantiles incluidos en el jardín, todo con la intención de que me preocupara por la diversión de mi hijo.

Así que desempolvé mi agenda de fotógrafa universitaria y llamé a Comeplay, me dieron un precio muy razonable para todo lo que ofrecen y no dude en tomarlo. Ser mamá y organizar una fiesta no tienen por qué ser más sinónimo de martirio, sino de diversión. No encierres a tus hijos en Kidzania y mejor prepara la mejor sorpresa con una elaborada fiesta y ¡Llévate los créditos!

¿Tienes recomendaciones a otros papás o experiencias con fiestas infantiles? Qué esperas para contarnos todo, corre a la caja de comentarios y comparte este y todos nuestros post con tus amigos en redes sociales.

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